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miércoles, 1 de octubre de 2014

Sentir antes de pensar

Hace tiempo tuve que llevar el coche a un taller para reparar la carrocería. Está situado en un polígono industrial a las afueras de mi ciudad. Noté mientras conducía que estaba nervioso. Al día siguiente conduje otro vehículo hasta el mismo lugar. Percibí los mismos signos de inquietud y me pregunté por qué me causaba nerviosismo algo que hago todos los días con tranquilidad.

Recordé que, una vez, acompañando a un amigo al mismo taller, me salté una señal de ceda el paso y tuve un accidente en una rotonda. No tuvo mayores consecuencias, salvo una puerta abollada y un faro roto del otro coche. Fue el único accidente que he tenido conduciendo y mi cerebro registró esa sensación, que quedó asociada con el suceso. Cuando iba de nuevo al mismo sitio mi cuerpo se encargó de recordarme: “ojo, que vas al cruce dónde te diste un golpe”.

Un buen amigo mío me contó después que el neurocientífico Antonio Damasio llama “marcadores somáticos” a este tipo de asociaciones que son “sentimientos generados a partir de emociones secundarias que han sido conectados, mediante aprendizaje, a resultados futuros predecibles de determinados supuestos”. Estas sensaciones físicas pueden acabar guiando el comportamiento y la toma de decisiones. Si las sensaciones son malas nos disuaden de actuar, si son buenas nos animan a seguir adelante. Los presentimientos suelen ser correctos, porque el cerebro inconsciente se percata antes que la conciencia de lo que sucede. Por ejemplo, cuando notamos si pronuncian nuestro nombre en una conversación que no estábamos atendiendo.

Desde que Descartes enunció su famoso “pienso, luego existo” el racionalismo ha tenido mucha importancia en Occidente. Pero según dice David Eagleman en su libro Incógnito, la conciencia no es el centro de la mente sino “una función limitada y ambivalente de un vasto circuito de funciones neuronales no conscientes”. La mente consciente es sólo la punta del iceberg cerebral. Sentir abre una puerta para acceder a lo que queda por debajo de la conciencia.

A continuación un vídeo explicativo de los marcadores somáticos emitido en el programa Redes de Televisión Española.


martes, 24 de junio de 2014

Escucha tus sensaciones

He buscado durante años una formación de posgrado en Psicología Positiva que no existía todavía en España. El curso próximo se impartirá por fin, pero lejos de Madrid y me supondría una importante inversión de tiempo, esfuerzo y dinero. Comenté mi indecisión con un amigo, que sacó una moneda del bolsillo y me pidió echarlo a suerte. “Si sale cara te vas”, así lo acordamos. La moneda cayó, dejando ver la cara de un Rey recién jubilado. Mi amigo preguntó por cómo me sentía y le dije: “Preocupado”. El neurocientífico David Eagleman propone hacer este ejercicio cuando no sabemos elegir entre dos opciones, para obtener la respuesta de nuestro cerebro inconsciente. Si hubiera sentido alivio al observar lo que decía la moneda, ésa sería la elección correcta.

Antoine Bechara realizó en 1997 un ingenioso experimento. Imagina que tienes que ir eligiendo cartas distribuidas en cuatro mazos. Dos de los montones tienen combinaciones de cartas que permiten ganar dinero. Al contrario, si coges cartas de los otros mazos, terminas perdiéndolo. Normalmente, se necesita escoger unas veinticinco cartas para darse cuenta conscientemente de cuáles son los mazos buenos. En el experimento se midió también a los participantes la actividad eléctrica de la piel, que indica la activación del sistema nervioso autónomo. Este sistema nervioso controla las acciones involuntarias y prepara al organismo para reaccionar ante una situación de estrés. A la decimotercera jugada ya se suele detectar un pico de nerviosismo cuando la mano se aproxima a los mazos malos. Intuición, presentimiento, corazonada… podemos ponerle el nombre que sea, pero lo cierto es que el sistema nervioso autónomo detecta la respuesta correcta mucho antes que la conciencia.

Decía Séneca que “muy pocos aciertan antes de errar”. Cuando tengas que tomar una decisión y no sepas bien qué elegir, además de valorar los pros y contras con tu cerebro consciente, puedes intentar escuchar lo que te dice el cuerpo. Quizá sientas en las tripas una sabiduría que viene del, escurridizo pero certero, inconsciente.