Mostrando entradas con la etiqueta Autoestima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autoestima. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de enero de 2015

Un árbol para tu autoestima

Seguramente estas navidades habrás visto muchos árboles decorados especialmente para celebrar la Navidad. Hoy mismo puedes crear uno para “adornar” tu vida. Hace poco mi hija pequeña trajo un curioso ejercicio de su grupo de tiempo libre. Era un dibujo de un árbol. En las raíces tenía escritas sus capacidades, las cosas que era capaz de hacer bien como por ejemplo, “correr rápido”. En el tronco sus valores o cualidades positivas, como “soy amable”. Y en la copa sus frutos: los logros que había conseguido en su vida, por ejemplo, “ganar un cross escolar”. En el cielo había comentarios de otros jóvenes y monitores del grupo, que escribieron cualidades positivas de ella del tipo: “eres divertida”.

Este sencillo ejercicio permite evaluar tu nivel actual de autoestima, reflexionado sobre tus capacidades, fortalezas y logros desarrollados desde la infancia. Hay que hacerlo con tranquilidad, así que busca un momento en el que puedas dedicar una hora al ejercicio. Empieza por hacer una lista con todos tus valores positivos, ya sean personales (por ejemplo, valentía), sociales (generosidad) o físicos (fuerza). Continúa haciendo una relación de tus competencias, anotando todas las cosas que sabes hacer bien. Por último, haz un listado de todos los logros por los que te sientas orgulloso. Pueden ser algo difícil, como obtener un título universitario o más sencillo, como haber ganado un concurso en el colegio.

Ahora toca hacer un dibujo grande de un árbol que incluya, las raíces, el tronco y las ramas con los frutos. En las raíces pon tus aptitudes. Las más importantes escríbelas en las raíces más gruesas. En el tronco escribe tus valores, colocando arriba los que consideres más elevados. En la copa del árbol describe tus logros. En los frutos grandes irán los éxitos que consideres más valiosos. Luego contempla tu trabajo. Te sorprenderás por todo lo que has conseguido. Como dijo Goethe “es un gran error creerse más de lo que uno es, o menos de lo que uno vale”.  

jueves, 11 de septiembre de 2014

Date una oportunidad para crecer

Este verano quizá te hayas tumbado en el césped. La hierba cedería con el peso y lo más probable es que estuviera aplastada al levantarte. Con el tiempo, la hierba vuelve a erguirse después de ser pisada. Igualmente, algunas personas resultan admirables por su capacidad para resistir la adversidad. Las personalidades resistentes se caracterizan por su compromiso, por la sensación de control y por plantearse los problemas como desafíos.

Comprometerse es ver el sentido a lo que se hace, recordando lo que es importante para uno mismo. Nos implicamos cuando reconocemos el valor de lo que aportamos. La motivación entonces es gratificante, porque sientes que merece la pena actuar.

La sensación de que tenemos control sobre lo que hacemos mejora nuestra eficacia. Quien siente que controla la situación maneja mejor el estrés. La ausencia completa de control provoca indefensión aprendida y depresión. Si nada de lo que haces sirve para nada, ¿para qué mover un dedo?

En la vida siempre nos encontraremos con problemas. Son algo natural y tienen solución hasta que se demuestre lo contrario. En los momentos oscuros se puede seguir actuando, aunque no se vea claro el final. Superar los obstáculos es la clave del desafío. Si descubres que puedes hacerlo, aunque sea difícil, aparece una oportunidad para crecer y para ampliar tus límites.

Felicia Huppert y Timothy So de la Universidad de Cambridge han definido y medido el crecimiento personal. Para crecer las personas deben obtener, en mayor o menor medida, tres características centrales: considerarse felices, manifestar entrega e interés por aprender y tener un sentido o propósito para su vida, considerando que lo que hacen es valioso. Además, poseer al menos tres de las siguientes características: autoestima, optimismo, resiliencia (ante un contratiempo volver pronto a la normalidad), vitalidad, autodeterminación y relaciones positivas.

Como dijo Christopher Peterson, “el objetivo último de la vida no es meramente sobrevivir ante la adversidad sino florecer y crecer”. Todavía puedes convertirte en la mejor versión de ti mismo.

jueves, 26 de enero de 2012

¿Qué piensa el hombre más feliz del mundo?



Una manera de medir la felicidad es introducir a una persona en un tomógrafo y comparar la actividad cerebral de la corteza prefrontal izquierda en relación con la derecha. El psicólogo Richard Davidson encontró que quienes tienen más actividad en el lóbulo prefrontal izquierdo experimentan más felicidad y entusiasmo, propiciándose el altruismo, la expresión y la curiosidad. En cambio, la actividad del lóbulo prefrontal derecho se asocia con los pensamientos negativos y estresantes, con más tendencia a padecer depresión.
Según Davidson, la persona más feliz del Mundo es Matthieu Ricard, monje budista y doctor en biología molecular. ¿En qué pensaba mientras estudiaban su cerebro? Al parecer, meditaba sobre la compasión. Para Ricard la compasión es “el deseo de que los seres se vean libres de su sufrimiento”. Para la tradición budista, el amor altruista y la compasión son los fundamentos de la auténtica felicidad. Según el Dalai Lama“si quieres que los demás sean felices practica la compasión, si quieres ser feliz practica la compasión”. 

La compasión es la capacidad de comprender las dificultades y puntos de vista de los demás. Tiene tres componentes: emocional (siento lo que sientes), cognitivo (te entiendo) y motivacional (quiero ayudarte). Numerosos estudios han demostrado que la meditación aumenta la felicidad, propiciando más emociones positivas, menos angustia y depresión. Meditar eleva la autoestima y la sensación de control, reduciendo el estrés.

Matthieu Ricard
La práctica de la meditación consciente es sencilla, aunque para que tenga efecto requiere constancia y practicar regularmente durante diez minutos al menos. Existen muchas variantes que pueden aprenderse en clases con un instructor experimentado. La forma más sencilla es concentrarse en la respiración, observando la entrada y salida del aire en el abdomen o en las aletas de la nariz. Si aparecen pensamientos hay que volver a prestar atención, de manera tranquila y reposada, al movimiento respiratorio del cuerpo. Una y otra vez. 

Nuestro cuerpo respira solo. Meditar es darse cuenta. Sólo cierra los ojos y mira dentro.