Mostrando entradas con la etiqueta Placer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Placer. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de abril de 2015

Disfrutar como un niño

Cuando mis hijas eran pequeñas, un día jugué al escondite con ellas y me oculté dentro de una bañera. El juego provocó en mí muchas risas y excitación. Afloraron emociones intensas que había olvidado al hacerme mayor. Los niños juegan cuando no les imponemos otra ocupación. De manera natural disfrutan mientras aprenden a conocer el mundo.

Cuando nos hacemos adultos la vida puede convertirse en una sucesión interminable de obligaciones y tareas por terminar que nos proporcionan pocas satisfacciones. No es extraño que entre los 20 y los 50 suela estar la etapa menos feliz de la vida.

El disfrute se define como "el comportamiento capaz de generar, intensificar y prolongar el placer". En mi familia llamábamos hacer "soñitos" a saborear poco a poco un postre, tomando cucharadas pequeñas, para que durara más el placer.

Practicar habitualmente el disfrute aumenta la felicidad y disminuye las posibilidades de padecer una depresión. Puedes pararte a disfrutar las actividades que haces habitualmente a toda prisa: tomarte tu tiempo para disfrutar de una ducha, para paladear un delicioso desayuno o detenerte a oler una flor en tu camino al trabajo. Te propongo que tengas por lo menos dos experiencias placenteras diarias, prestando atención para que el placer sea lo más intenso y duradero posible.

Otra opción es que de vez en cuando crees un día genial, en el que enlaces numerosas actividades positivas disfrutadas en un mismo día. Puedes empezar por imaginar cómo sería un día perfecto para ti y para un familiar o amigo. Planifica actividades que estén a tu alcance y no es necesario que sean costosas. Decide cuándo vas a llevar a cabo tu día positivo e invita a tu acompañante. Cuando llegue el día disfruta al máximo y por la noche reflexiona sobre qué cosas han hecho que lo pases bien. Como dijera Benjamín Franklin, "la felicidad no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días".

martes, 1 de octubre de 2013

¿Placer o plenitud?



Hace siglos los filósofos ya se hacían preguntas sobre cómo encontrar la felicidad. Para los hedonistas, la felicidad se basaba en la búsqueda del placer. En cambio, para Aristóteles el fin último era la felicidad entendida como plenitud de ser o “eudemonia”. Para Epicuro una vida sencilla nos acerca más a la felicidad que todos los lujos superficiales. Según él, la receta de la felicidad incluiría la amistad, la autonomía y distinguir lo que realmente necesitamos.

¿Cuál ha sido el momento más feliz de tu vida? Puede que vengan a tu mente situaciones de especial conexión con las personas que amas o con logros que hayan dotado a tu vida de un sentido profundo. No creo que te acuerdes del sabor de un bombón o de aquella vez que fuiste al SPA.

Un reciente estudio dirigido por Barbara Fredrickson demuestra que sentirse feliz afecta a la expresión de los genes. Nuestras células inmunitarias responden mejor a altos niveles de bienestar provocados por acciones altruistas o que favorecen el bienestar común, aumentando fuertemente la expresión de genes antivirales y anticuerpos, conllevando una baja expresión de genes inflamatorios. 

 Al contrario, parece que el hedonismo proporciona felicidad a corto plazo, pero consecuencias físicas negativas a largo plazo. Las personas con altos niveles de felicidad hedónica obtenida mediante la auto-gratificación, presentan una baja expresión de genes antivirales y anticuerpos, expresándose más los genes inflamatorios, que están relacionados con enfermedades coronarias y artritis.

Decía Romain Rolland que "cuando la felicidad egoísta es el único fin en la vida, la vida enseguida deja de tener un fin". Los humanos hemos necesitado cooperar para sobrevivir y quizá la naturaleza aprendió a recompensar el altruismo con buena salud. Como los antiguos filósofos puedes preguntarte dónde encuentras tu auténtica felicidad: buscando placer, siendo mejor persona o de otra manera. Pero cuando veas anuncios ofreciéndote felicidad a cambio de cosas recuerda que, como dijera Henry VanDyke, la felicidad "no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos".

sábado, 12 de enero de 2013

Disfruta las alegrías



El domingo 11 julio de 2010 hacía mucho calor en Madrid. Después de celebrar el cumpleaños de mi hija con los amigos, vimos en casa la final del mundial de fútbol. Andrés Iniesta esperó hasta el minuto 116 para meter un gol que provocó un éxtasis colectivo. Saltamos todos de alegría dando gritos, repartiendo abrazos y besos. Recuerdo bien aquellas emociones de una noche memorable.

Iniesta dijo después: "España merecía este campeonato del Mundo. Es algo para recordar, disfrutarlo y sentirse orgullosos". "Estoy contento, estoy muy contento, se me dan esos goles decisivos...", decía mientras le abrazaban sus compañeros que cantaban: “Andrés te queremos, somos campeones del Mundo”. 

El disfrute, como los verbos, puede conjugarse en presente, pasado y futuro. Se puede disfrutar del pasado recordando los momentos felices, del presente siendo consciente de las experiencias placenteras y saboreándolas plenamente, o del futuro esperando que sucedan cosas positivas con optimismo.

Fred Bryant y Joseph Veroff describen el disfrute como “los pensamientos o comportamientos capaces de generar, intensificar o prolongar el placer”. El hábito de disfrutar está relacionado con la felicidad intensa y frecuente. La pega es que hay que esforzarse y tomar la iniciativa para dirigir la mente hacia experiencias positivas. Algunas estrategias para disfrutar más son:

Saborea experiencias cotidianas: recréate sin prisas mientras haces alguna actividad habitual como comer, ducharte o caminar. Como la protagonista de la película Amelie, presta atención a los pequeños placeres cada día, tratando de hacerlos más intensos y duraderos.

Revive el día más feliz de tu vida: recuerda tu gran día y recréalo como si fuera una película. Recuerda ese momento con todos los detalles, vuelve a traer al presente todo el placer de ese día y saboréalo.

Recuerda con familiares y amigos: hace poco he podido repasar los sucesos positivos de la vida de mi madre y hemos sentido mucha alegría juntos.

Disfruta con tus sentidos prestando atención al presente. Cuando experimentas felicidad, permanece en tu memoria una chispa que siempre podrás encender.