Mostrando entradas con la etiqueta Orgullo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orgullo. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de julio de 2016

Cuando brillas de orgullo



Hace unos años charlé con él algunas tardes de verano. Era un chaval agradable, que mostraba todavía poca seguridad en sí mismo. No sé si aquellas conversaciones le ayudaron. Luego perdimos el contacto, aunque sabía de él por su madre.

Recientemente, me invitó a la presentación de su proyecto de fin de carrera. Se había convertido en un hombre seguro y apuesto. Durante veinte minutos, casi sin pararse a respirar, detalló los entresijos de un proyecto de ingeniería con tecnología láser que dejó epatados al público asistente y al tribunal. Aunque no entendiera casi nada de lo que decía, por la complejidad del proyecto y la jerga técnica que empleaba, sus gestos y expresión corporal reflejaban mucha confianza en sí mismo. Sus respuestas dejaron convencido al tribunal. Cuando cogió la tiza y empezó a trazar esquemas para explicar sus ideas, vi a un futuro profesor. Un gran aplauso inundó la sala cuando acabaron las preguntas. 




Salimos fuera a esperar la deliberación del tribunal. Apenas pude darle un abrazo, entre el remolino de personas que se acercó a felicitarle. Pregunté a su madre si se sentía feliz. Me dijo que estaba muy contenta aunque, como siempre había confiado en que su hijo terminara la carrera, a lo mejor eso hacía que su alegría no fuera tan grande. Le hablé de una emoción positiva, que los judíos llaman naches, que provoca una felicidad intensa al ver que los hijos consiguen algo relevante. 

Pasamos de nuevo a la sala y el profesor leyó las calificaciones de otros alumnos, que fueron muy buenas. Cuando llegó el turno de Andrei, el profesor le concedió la máxima nota posible; un diez y le propondrían para mención de honor. Escuché a Feli decir: ahora sí. Cuando se acercó su hijo a abrazarla, las lágrimas desbordaron sus ojos… y los míos.

Después fuimos a celebrarlo. Un brillo de orgullo destellaba en sus miradas. Seguramente aquella noche, madre e hijo, pudieron dormir satisfechos por un trabajo bien hecho.

viernes, 15 de enero de 2016

La vida sin ti

Llevaba tiempo queriendo ver la película Qué bello es vivir. Citaban este film en el libro ¡GRACIAS! de Robert Emmons, el investigador que más ha estudiado el agradecimiento. Estas navidades por fin la vi y escuché también una versión radiofónica. Me pareció interesante psicológicamente porque trata sobre la gratitud. Ser más agradecido es una estrategia sencilla para sentirse mejor. El diario o la visita de gratitud son dos actividades que, siendo objeto de investigación científica, se han demostrado eficaces para aumentar el bienestar.

Cartel de la película Qué Bello es Vivir
Ubuntu significa "soy porque nosotros somos". Es una palabra de las lenguas zulú y xhosa que nombra a una filosofía sudafricana. Según esta tradición, las relaciones entre las personas están basadas en la lealtad.

La película muestra muy bien la estrecha interdependencia entre la mayoría de los vecinos de una pequeña ciudad norteamericana. Aunque también aparecen representados el engaño y la avaricia, son contrarrestados por la ayuda y la generosidad.

Me llamó la atención imaginar cómo sería la vida si uno no hubiera existido. Es imposible no influir y, de alguna manera, vamos dejando huella de nuestro paso por el mundo.

Si no hubieras nacido, tu familia sería distinta. Tu ausencia, mejor dicho, tu “no presencia” habría configurado otra realidad familiar. No habrían compartido nada contigo y eso habría hecho, de sus vidas, otras vidas. Si has hecho amigos no te echarían de menos, nunca sonreirían al verte. Si has encontrado al amor de tu vida, no podría ni imaginar qué se siente acariciar tu piel. Si tuviste hijos, no existirían y el mundo se habría perdido una irrepetible combinación de genes, que los hizo seres únicos. Desaparecería todo lo que has conseguido en tu vida. Tampoco nadie se vería perjudicado por tus errores, ninguno habría sufrido por ti.

¿Te sientes orgulloso por tus logros? ¿Has participado en algo extraordinario que no hubiera sucedido sin ti? Queda tiempo para conseguirlo, si no lo has hecho aún. El universo sin ti estaría inacabado. Eres necesario para completarlo.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Orgullo y humildad

Recientemente, me sorprendió la respuesta de un candidato a las próximas elecciones generales. Le preguntaron: “¿ha ganado usted el debate?” y contestó: “humildemente, sí”. Me pareció una respuesta contradictoria. En nuestra cultura, ir de sobrado no está muy bien visto. Por ello, la emoción de orgullo no se expresa demasiado. En un estudio se comprobó que muchos niños españoles entre seis y siete años no entienden el significado de orgullo, mientras que los holandeses con esas edades no comprenden la palabra vergüenza.

El orgullo es una emoción autoconsciente que implica una valoración positiva de uno mismo, al evaluar una acción propia como un éxito. La expresión universal del orgullo es: cabeza atrás, pecho erguido y manos en las caderas o elevadas en el aire, como los atletas al ganar una carrera.

El orgullo es una emoción positiva que también puede tener, socialmente, connotaciones negativas. En una conferencia, Gonzalo Hervás afirmaba que es beneficioso sentir orgullo internamente, aunque es mejor no exteriorizarlo demasiado, poniendo “cara de póquer”.

La humildad es más valorada en todas las culturas. Es una de las veinticuatro fortalezas personales, estudiadas por Seligman y Peterson, derivadas de las seis virtudes consideradas universales.

Las personas humildes no se creen más especiales que otros y no buscan ser el centro de atención. Dejan que sus hechos hablen por ellos. No necesitan alardear de sus aspiraciones, victorias o derrotas.

VIA Institute on Character propone tres prácticas que ayudan a fortalecer la humildad:

  • Tus éxitos y fortalezas hablan por sí solos. Son visibles para los demás y es preferible no presumir en exceso.
  • Si cometes errores, puedes admitirlos y aceptarlos. Siempre es posible pedir perdón, si fuera necesario.
  • Puedes dejar que otros brillen en las reuniones con amigos, familia o compañeros.

Nietzsche pidió: “que mi orgullo vaya del brazo con mi cordura”. Decía Ernesto Sábato que “para ser humilde se necesita grandeza”. Quizás, como indicó Henry F. Amiel, “la verdadera humildad consiste en estar satisfecho”. Cuando estoy bien, no necesito mucho más.

viernes, 10 de julio de 2015

Dueños del destino

Hace un año mi amiga se quedó sin trabajo. La alcaldesa despidió por decreto a cuatro trabajadores fijos que querían crear un sindicato. Sentí como propia la tensión por aquella injusticia. Muchas cosas pasaron desde entonces. Todas las semanas hubo manifestaciones. En cada acto público en la ciudad había camisetas negras que exhortaban: ¡Readmisión ya! El sindicato finalmente se constituyó y ganó las elecciones sindicales en el ayuntamiento. Las sentencias fueron confirmando que los despidos eran improcedentes. Reconozco que, cada vez que recibía una buena noticia a través del blog que crearon para informar de las reivindicaciones, sentía oleadas de optimismo y deseé con todas mis fuerzas que pudieran recuperar su empleo.

Por fin, hubo elecciones municipales y se produjo un cambio de gobierno. Una de las primeras medidas de la nueva corporación fue readmitir a los cuatro despedidos. El nuevo alcalde y los concejales les recibieron en la puerta del consistorio el día de su regreso. Al entrar, el hall estaba atestado de trabajadores municipales que, ataviados de negro, formaron un pasillo para darles la bienvenida. Al fondo, once sindicalistas se despojaron de sus camisetas negras y las tiraron al centro del vestíbulo. Ya no eran necesarias. En su lugar aparecieron camisetas blancas, con una letra cada una, que componían la palabra READMITIDOS. Misión cumplida. Entonces todos los trabajadores lanzaron sus camisetas negras formando una montonera que sepultó la vergüenza por unos despidos que nunca debieron suceder. Imagino que en su lugar emergió un sentimiento de orgullo colectivo por alcanzar un logro tan difícil para los tiempos que corren. Como decían los mosqueteros: “Uno para todos y todos para uno”. Con la lucha de todos consiguieron hacer justicia.

Por la noche habíamos quedado a cenar y pregunté a mi amiga por cómo se había sentido. Se emocionó al agradecer a sus compañeros el apoyo que les prestaron. Percibió mucha alegría y solidaridad. Como en el poema “Invictus” quizá pudieron sentirse “dueños de su destino y capitanes de su alma”.

martes, 4 de febrero de 2014

Orgullo y memoria



Recuerdo bien el gol a cámara lenta de Fernando Torres en la final de la Eurocopa de 2008. Estábamos en el salón y, cuando “el Niño” apenas había tocado el balón, oímos un grito de “gol”. Mi hermano veía una televisión analógica en la cocina y nos radió el gol unos segundos antes de que lo viéramos entrar.


Aquella victoria hizo que muchos españoles nos sintiéramos orgullosos de la selección. Para que el orgullo colectivo se produzca es necesario identificarse mucho con el grupo y que sea muy valorado lo que se consigue. Compartir la emoción con otros multiplica la alegría.

Rememoré ese partido al conocer la muerte de Luis Aragonés, que fue el seleccionador aquel año. Cambió el estilo de juego y como entrenador supo infundir una mentalidad ganadora a los jugadores. Por ejemplo, antes de ganar la final de Copa en 1992, dijo a su equipo: “Son el Atlético de Madrid y hay 50.000 dentro que van a morir por ustedes. Por ellos, por la camiseta, por su orgullo, hay que salir y decir en el campo que sólo hay un campeón y va de rojo y blanco”. 

El orgullo es una emoción autoconsciente que implica una valoración positiva de uno mismo como resultado de evaluar una acción propia como un éxito. En nuestra cultura esta emoción no se expresa demasiado. En un estudio se comprobó que muchos niños españoles de seis y siete años desconocían que significa orgullo, mientras los holandeses de esa edad desconocen el significado de vergüenza. La expresión universal del orgullo es: cabeza atrás, pecho erguido y manos en las caderas o elevadas en el aire, como cuando los atletas ganan una carrera.

¿Alguna vez has sentido orgullo por algo que hicieras muy bien? ¿Has sentido mucha satisfacción por conseguir un logro importante para ti? No es necesario que presumas de ello ante nadie, pero puedes volver a disfrutar recordando esos momentos. Siguen guardados en tu memoria, como un tesoro esperando a ser descubierto.