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martes, 30 de octubre de 2018

Cartas para agradecer. Un método para ser feliz


El 30 de noviembre a las 19 horas un centenar de personas asistieron a la presentación de Cartas para Agradecer de José Enrique León Santos en el Espacio Mercado, plaza de la Constitución s/n de Getafe. El prólogo está escrito por Gonzalo Hervás Torres, presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva.

Para ver booktrailer pulse aquí 👈 

La velada fue presentada por Francisco León siendo muy divertida y emotiva, contando con la presencia de Gonzalo Hervás, que explicó en qué consiste la psicología positiva y los beneficios de mostrar gratitud. Posteriormente intervino el autor, explicando el origen y finalidad del libro. Seguidamente se expusieron los testimonios de dos personas que aparecen en la publicación: Maribel Martín Vallbona y Victoria Rosa Pérez. Por último, el público hizo ingeniosas preguntas, se proyectó un video de presentación del libro y se procedió a la firma de libros .

La gratitud consiste en darse cuenta de las cosas buenas que existen en la vida y que pasan inadvertidas porque a lo bueno nos acostumbramos muy pronto. Se trata de una fortaleza humana que permite contrarrestar la negatividad y puede hacer que las personas se sientan mucho más felices.

La gratitud ha sido estudiada científicamente en numerosas ocasiones. Existen diversas actividades para ponerla en práctica, que se han demostrado eficaces para aumentar el bienestar de una forma duradera.

Cartas para agradecer. Un método para ser feliz. Está basado en una intervención positiva llamada “visita de gratitud” que aumenta el bienestar y ha sido estudiada científicamente por la Psicología Positiva.

Por un lado, la publicación da cuenta de diversas investigaciones científicas que demuestran que las personas agradecidas tienen mayor bienestar subjetivo, mayores niveles autoestima y crecimiento personal, se sienten mejor, tienen mejor salud y energía, tienen mayor control de sus circunstancias y lidian con las dificultades de formas más positivas.

En segundo lugar, se explica cómo poner en práctica esta intervención, que consiste en escribir una carta de agradecimiento a una persona y leérsela personalmente.

Por último, se muestran mis experiencias personales con las Cartas para agradecer que he entregado. Suelen producir momentos únicos que tienen un gran impacto sobre las personas, plenos de emociones positivas.

La recaudación de la primera edición se donará al CNIO para la investigación del cáncer.

El término emoción viene del latín emovere, que significa «ponerse en movimiento». Sería estupendo que conocer estas experiencias emotivas provocase un deseo de expresar gratitud en las personas que lean el libro. En el mundo quedan muchas «cartas para agradecer» esperando a ser redactadas. Urge empezar a escribirlas.

PUNTOS DE VENTA: 

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viernes, 8 de abril de 2016

Donde se encuentra la felicidad

La profesora anunció que leería un cuento de despedida, porque era su última clase. Me conmovió la sabiduría que contenía.

Los dioses decidieron crear a los hombres y mujeres a su imagen y semejanza. Alguien advirtió: “si les hacemos idénticos a nosotros, con fuerza, resistencia e inteligencia serán también dioses”. Tras deliberar un rato, decidieron quitarles la felicidad y esconderla en un lugar donde no la pudieran encontrar. Uno propuso apartarla en la cima de la montaña más alta del mundo. Respondieron: “pero les dimos fuerza y si alguno logra escalarla, los demás sabrán dónde encontrarla”. Otro quería ocultarla en el fondo del mar. Discutieron: “pero, al tener resistencia, alguno podría bucear hasta dar con ella”. Un tercero sugirió transportarla hasta un planeta lejano. Tampoco hubo acuerdo porque, al ser inteligentes, podrían inventar una nave espacial para alcanzarla y ser felices como dioses.

Un dios, que se había mantenido callado, concluyó: “creo saber dónde poner la felicidad para que no la encuentren: dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados persiguiéndola fuera, que nunca sospecharán que la guardan en su interior”.


A menudo seguimos buscando en el sitio equivocado. La publicidad nos promete descubrir El Dorado comprando, aunque la felicidad que viene de fuera sea escurridiza y desaparezca recién hemos disfrutado el placer que nos proporciona. Adquirir el último modelo de teléfono o de automóvil, mudarse de casa, cambiar de trabajo o resultar premiado en la lotería, son circunstancias que producen un bienestar pasajero. Dura lo que tardamos en acostumbrarnos a su presencia. 

Si la felicidad viniera de serie: ¿por qué no permanece siempre? Quizás por estar demasiado tiempo ausentes. La mitad del tiempo lo pasamos pensando en el pasado o imaginando el futuro, olvidándonos de vivir con intensidad la calidad del momento presente. Nos distraemos para no experimentar dolor y vivimos a medias. 

Las emociones son pasajeros. Nos traen un mensaje. Si las ignoramos, el sufrimiento permanece hasta que el aviso se recibe. Solo prestándole atención puede desvanecerse.

sábado, 2 de enero de 2016

Nacidos para correr


Durante años salí a correr con mi hermano. Es un ejercicio físico saludable que cada vez cuenta con más adeptos, entre otras razones porque hace que te sientas bien. En una conferencia escuché a un atleta decir que todos empezamos porque “correr es un psicólogo barato”. Le comenté esta frase a un amigo y me dijo que, efectivamente, él empezó a correr tras una ruptura sentimental.

Dejé de correr hace tiempo, aunque sigo manteniendo la costumbre de ir a ver la llegada de la San Silvestre, que se celebra el último día del año en mi ciudad. Llegué con bastante antelación, esperando ver aparecer a mi hermano. Me entretuve viendo a los atletas disfrazados de Papá Noel, de duendes, hadas o de las formas más inverosímiles y extravagantes.

Los niños esperaban ansiosos a sus padres, para correr de su mano los últimos metros. Un padre despistado no vio a su hijo y el pequeño se sentó en el suelo con una llantina inconsolable. Luego le vi feliz en brazos de su padre. Me emocioné con la alegría de los amigos entrando a meta abrazados. Un señor mayor venía muy rápido con cara de felicidad. Miré hacia donde miraba y el cronómetro marcaba cuarenta y ocho minutos. Supuse que iba a mejorar su mejor marca personal.

Me pregunté por qué miles de hombres, mujeres, jóvenes y ancianos, de diferentes razas y clases sociales, tienen en común su afición a la carrera. Según Bramble y Lieberman, lo que hizo que evolucionásemos como humanos fue precisamente nuestra capacidad para correr distancias largas. Nos permitió cazar o encontrar carroña en la extensa sabana africana. Además, correr favorece la generación de nuevas neuronas, por lo que podría decirse que correr nos hizo y nos hace más inteligentes. Correr nos hace humanos.

Dicen que correr es de cobardes. Se puede correr para huir, para llegar antes, para respirar aire limpio en la naturaleza, para ganar, para sentirse mejor o para despedir el año de manera divertida.

viernes, 12 de junio de 2015

La fuerza del grupo

Recientemente impartí un taller sobre psicología positiva a un grupo especialmente longevo. Se trataba de una escuela de padres que llevan reuniéndose durante más de treinta años cada tres semanas para aprender y debatir sobre diversos temas. Nos lo pasamos muy bien y nos reímos mucho. Reconozco que sentí cierta envidia por no pertenecer a un grupo como ése.

Los grupos según la ley natural también nacen, se reproducen y mueren. Es admirable tener el empeño y la inteligencia suficiente para mantener unido a un grupo durante tantos años. 

Hay una relación causa-efecto entre relaciones sociales y felicidad. Los grupos sociales satisfacen muchas necesidades vitales. Los humanos estamos motivados para mantener relaciones sociales fuertes, sostenidas en el tiempo y positivas. Pertenecer a un grupo permitió sobrevivir a nuestros ancestros. Es de vital importancia.

Contando con apoyo social se puede hacer frente mejor a los problemas. Cuántas veces nos sentimos mejor al contar nuestras preocupaciones a un amigo, que puede ayudarnos de forma tangible, emocional o dándonos información que ayude a resolver el asunto que nos preocupa. 

Algunas estrategias para mejorar las relaciones sociales son sencillas, empezando por dedicar más tiempo. Al parecer, las parejas más felices dedican al menos cinco horas semanales a estar juntos. A hablar, a compartir aficiones o simplemente dar un paseo. Con los amigos también es necesario pasar un tiempo valioso de vez en cuando.

Otra forma de hacer amigos es mostrar admiración sincera, agradecimiento y afecto, con palabras o físicamente. Qué agradable es sentir que nos valoran. Atrévete a mostrar lo mejor que llevan en su interior los que te rodean, como hacía Miguel Ángel extrayendo belleza de un bloque de piedra.

Celebra los éxitos de los demás de manera activa y constructiva. Hace poco hice realidad un libro en el que empleé dos años. Recibí reacciones que iban casi del desprecio a la indiferencia, pasando por el interés, la alegría y el entusiasmo. MI confianza aumentó sólo con los que celebraron mi logro.

martes, 17 de marzo de 2015

Al final está lo mejor

Los anuncios pintan la juventud como una etapa feliz, llena de alegría de vivir y diversión. Pero los descubrimientos de la psicología positiva indican que en realidad las personas mayores son más felices y están más satisfechas con sus vidas. También experimentan menos emociones negativas y más positivas, tienen una mayor estabilidad emocional y son menos sensibles a la negatividad y el estrés cotidianos.
En lo que todavía no han conseguido ponerse de acuerdo los estudiosos es en encontrar el momento de mayor plenitud de la experiencia emocional positiva, que según los estudios se sitúa entre los 64 y los 79 años.

¿Por qué sucede esto? Hay principalmente dos explicaciones. La primera tiene que ver con que la experiencia nos enseña a emplear estrategias deliberadas para regular las emociones. La segunda postula un diferente funcionamiento del cerebro en las estructuras cerebrales asociadas al procesamiento de las emociones negativas.

Laura Carstensen opina que cuando percibimos que la vida es finita cambiamos el orden de prioridades, centrándonos en el presente y en las cosas que de verdad importan. Las relaciones se vuelven entonces prioritarias para los mayores. Además los ancianos suelen ser tratados con mayor respeto y amabilidad.
Mi madre es una mujer extraordinariamente sociable. Ha tenido una vida complicada pero ha sabido sobreponerse a la adversidad que le tocó vivir. Sabe que no hay segundas oportunidades para disfrutar con los que marcharon, por eso disfruta al máximo de los que tiene aún a su lado. Por eso se apunta hasta un bombardeo, si se lo propone un hijo suyo.

Este domingo presento un libro titulado TODOS LOS DÍAS ERAN BUENOS en el que narro la vida positiva de mi madre. Surgió de unas entrevistas que le propuse hacer para recordar los sucesos positivos de su vida. Al final, recopilamos tantas anécdotas divertidas que decidí publicarlas en un libro para compartirlo con la familia y los amigos. Espero seguir celebrando su longevidad y disfrutando con ella todo lo que pueda.

A continuación una conferencia TED de Laura Carstensen en inglés titulada "Las personas mayores son más felices". Para verlo con subtítulos en castellano pulse este enlace


miércoles, 28 de enero de 2015

Regala tu tiempo

Nicolas Winton salvó la vida a 699 niños judíos buscándoles familias de acogida en Inglaterra. Se conoció la noticia porque su mujer encontró una maleta olvidada con listados y fotos de esos niños. Existe un video en internet en el que se ve al anciano recibiendo un homenaje de esos niños, ya adultos. Quizás su longevidad se deba a que vivir pensando en los demás es beneficioso para el bienestar y la salud. Un proverbio chino dice que “si quieres ser feliz durante toda la vida, ayuda a los demás”.

El altruismo aumenta la autoestima y fortalece el sistema inmunitario. Un estudio de la Universidad de Duke descubrió que los pacientes que habían sufrido un ataque cardiaco se recuperaron un 60% más rápido si ayudaban a otros pacientes. Al realizar un acto de bondad se liberan endorfinas que te hacen sentir bien. Martin Seligman demostró, en un ejercicio llamado “filantropía frente a diversión”, que la sensación de bienestar provocada por hacer algo bueno por otra persona es más duradera que hacer algo placentero. También presenciar actos de bondad, según un estudio de la Universidad de Harvard, produce beneficios en el sistema inmune y reduce el estrés.

Puedes aumentar tu bienestar concentrando tus actos de generosidad durante un día cada semana, siendo más amable de lo normal. Dedica tiempo y atención para realizar al menos cinco pequeños actos de bondad desinteresada. Cocina un pastel y llévalo al trabajo. Sonríe a menudo. Haz cumplidos. Echa una moneda a un músico callejero…

Prueba a ser creativo e inventa actos de amabilidad que se salgan fuera de lo habitual. Un conocido pegó en la puerta de su casa una caja con forma de corazón, donde guarda sorpresas para sus invitados. Cuando salen un mensaje les propone: “No te vayas sin abrir mi corazón”. Atrévete a regalar tu tiempo. Imprime un vale por un día de tu vida y regálaselo a quien más quieras, para que lo gaste como prefiera. Eres el mejor regalo.

A continuación un video sobre Nicolas Winton.




martes, 11 de noviembre de 2014

El valor del dinero

¿Aporta el dinero felicidad? Depende. La paradoja de Easterlin predice que si alcanzas unos ingresos mínimos que permitan vivir decentemente, haría falta conseguir mucho más dinero para provocar un incremento de felicidad. El aumento de la riqueza en los países pobres va a la par con la satisfacción con la vida. Pero en los países ricos, aunque los ingresos por persona hayan aumentado, el nivel de felicidad permanece estable. Los norteamericanos más ricos son igual de felices que los inuit de Groenlandia. Como nos adaptamos fácilmente a las posesiones materiales, necesitaríamos estímulos continuos y novedosos para  aumentar el bienestar. Esto implicaría, según Richard Layard, entrar en “la cinta andadora del hedonismo”. Para este autor, el secreto de la felicidad está en buscar aquello a lo que no nos terminemos de adaptar nunca, como la amistad.

No siempre el dinero aporta felicidad. Una persona me contó una hermosa anécdota. Encontró unos billetes tirados en la calle. Se cruzó de acera y esperó. Estuvo allí un buen rato observando hasta que apareció un chaval que daba vueltas mirando por el suelo. Le preguntó qué buscaba y, al coincidir su respuesta con lo que había encontrado, le devolvió el dinero. Me dijo que no se sentía bien quedándose con algo que no era suyo.

Según algunos estudios gastar el dinero en otras personas tiene más impacto en la felicidad, que gastarlo en uno mismo. Es más beneficioso para el donante que para el receptor. También parece que, para aumentar el bienestar, es preferible comprar experiencias: ir al teatro, apuntarse a un curso de yoga o viajar. O cosas que proporcionen experiencias, como una bicicleta.

“¡Qué feliz soy! ¡Cuántas cosas que no necesito!”. Emulando a Sócrates paseando por el mercado, puedes preguntarte antes de comprar algo que no necesites: ¿Me dará felicidad a largo plazo? ¿Qué valor aportará a mi vida? No confundas, como dijera Antonio Machado, valor y precio. La felicidad se experimenta, no se compra, aunque los anuncios digan lo contrario.

En el siguiente vídeo puedes ver un ejemplo de cómo gastar dinero en otros puede aumentar la felicidad.


lunes, 13 de octubre de 2014

La felicidad en tres pasos

Ed Diener ideó un método para conseguir salud y bienestar en tres sencillos pasos relacionados con la manera de percibir, interpretar y recordar los sucesos.

  1. Atender a lo bueno: quejarse por todo continuamente puede hacerte infeliz. La queja tiene sentido para desahogarse o para buscar una solución, pero con que le dediques cinco minutos es suficiente. Es saludable evitar centrarse demasiado en uno mismo y en los problemas, para fijarse en las cosas buenas que hay en nuestra vida. Olvídate de los fastidios sin importancia lo antes posible. Puedes preguntarte: ¿Esto tendrá importancia dentro de un año? Agradece lo que tienes, celebra los éxitos, saborea los pequeños placeres cotidianos, busca experiencias positivas y disfruta lo que puedas de los buenos momentos.
  1. Interpretar lo mejor: los errores de pensamiento son ideas que nos hacen sentir mal. Por ejemplo: “soy un desastre, nunca aprenderé”. Las exageraciones, el catastrofismo, la generalización excesiva, predecir negativamente el futuro y no tener en cuenta lo positivo son errores de pensamiento que nos hacen infelices. No te creas lo primero que venga a tu cabeza. Puedes buscar otras interpretaciones alternativas a los sucesos negativos, que sean más constructivas y optimistas. Recientemente realicé un viaje. Cuando el avión había iniciado su marcha para enfilar la pista, se detuvo inesperadamente. Miré a mi madre y me dijo: “es que el piloto ha bajado para recoger el bocadillo”. Esta divertida interpretación me hizo reír y borró de un plumazo mi preocupación previa al despegue.
  2. Memorizar lo positivo: las personas infelices recuerdan muy bien las cosas malas que les suceden. Las personas felices son menos precisas, pero retienen más los recuerdos positivos. Utiliza tus sentidos: emociónate con la música, siente el calor del sol, la calidez de un abrazo, el aroma de un guiso o la belleza de la naturaleza. Puedes rememorar los sucesos agradables, volviendo a revivir las emociones que sentiste. Como los buenos amigos, los instantes de felicidad estarán siempre disponibles cuando los necesites.

lunes, 30 de junio de 2014

Oh happy day

Siempre he pensado que la música es una puerta abierta a las emociones. Recientemente me confirmó esta hipótesis Teresa Orozco, que presentó un estudio de la Universidad Complutense, afirmando que el 64 % de las experiencias musicales provocan alguna emoción. Con la música emotiva se libera dopamina, que está relacionada con la sensación de placer. También la música puede ayudarnos a sentirnos mejor. Tarareando o cantando una canción podemos desvincularnos del estrés generado por los pequeños contratiempos cotidianos.

El pasado domingo presencié un concierto de góspel que fue un torbellino emocional para mí. Lo dirigió Josu Elberdin y era la guinda de un taller de canto organizado por la CoralPolifónica de Getafe. Cien personas, que apenas se conocían el día anterior, crearon colectivamente una experiencia irrepetible y llena de momentos mágicos. Sus caras reflejaban que, seguramente, sintieron muchas emociones positivas compartiendo la vivencia de cantar en armonía con cientos de gargantas. Contagiaron esa emoción al público, que terminó ovacionándoles, puestos en pie, pidiendo otra canción para que el concierto no acabase.

Dijo el director, que había pedido al coro vestir de negro, porque “los colores los llevaban por dentro”. Hay personas que pueden percibir a la vez varios tipos de sensaciones diferentes, probablemente al activarse de forma cruzada las zonas del cerebro que procesan la información sensorial. Por ejemplo, pueden oír los colores o ver los sonidos, sintiéndolos realmente. Si algún sinestésico hubiera presenciado el concierto, desde luego que habría visto muchísimos colores.

La trascendencia es una de las seis virtudes humanas consideradas universales. Incluye las fortalezas emocionales que van más allá de uno mismo, conectándonos con algo más elevado y permanente. En el concierto disfruté de la belleza y excelencia, del sentido del humor y el entusiasmo, sentí gratitud y esperanza al contemplar algo hermoso, construido colectivamente por muchos seres humanos. Quizá las mismas emociones que albergaban los esclavos afroamericanos en Virginia hace dos siglos. Gracias Josu, tienes la mejor de las profesiones: hacer felices a los demás.

martes, 20 de mayo de 2014

El asombroso hombre humilde

El domingo vi una entrevista televisiva a José Múgica, presidente del Uruguay, llena de frases con una sabiduría y coherencia fuera de lo normal. Quise escribir  relacionando sus ideas con tópicos de la psicología positiva como el crecimiento postraumático, la gratitud, la generosidad o la relación entre la riqueza y el bienestar. Pero sus palabras son más que suficientes:

“La felicidad no es una cuestión material. Mi definición de pobreza es la de Séneca: Pobres son aquellos que precisan mucho. Es mejor vivir ligero de equipaje. Nuestros abuelos nos enseñaron que con una navaja se afeitan tres generaciones. El consumo mueve la economía, pero no vayas a creer que desarrolla tu vida. Cuando gastas en el fondo lo que estás gastando es el tiempo de vida que se te fue (para ganar el dinero). Estuve con Rockefeller, que con 98 años sigue acumulando plata. ¿Qué sentido tiene? Planteo la sobriedad para tener más tiempo para vivir la vida de acuerdo a las cosas que te motivan. La generosidad es el negocio mejor. Tenemos que empezar a pensar como especie. Hay que pensar por el mundo entero. Los que vivimos mejor tenemos responsabilidad de los que viven mal”.

De sus años de cárcel y torturas destacó: “Fue la etapa más importante de creación de mi pensamiento. La soledad es tal vez lo peor después de la muerte. Pero no sería quien soy si no hubiera vivido esa etapa. Se aprende a buscar fuerzas dentro de uno mismo. Derrotados son los que dejan de luchar. Transmítele a los jóvenes que se puede empezar de nuevo una y mil veces”.

“No hay mejor lenguaje que la verdad de lo que las cosas son. Nadie es más que nadie. Es bueno vivir como se piensa, de lo contrario pensarás como vives. La cosa más grande que tienes es que estás vivo. Es un milagro que estés vivo”.

Preguntó Múgica al entrevistador: “¿Usted tiene ojos para ver?” Y me pregunto: ¿Tenemos ojos para ver?

viernes, 21 de marzo de 2014

Vivir bien los años

Mi madre es la persona más positiva que conozco. Le faltan pocos años para cumplir los noventa, encontrándose todavía bien física y psicológicamente. Conserva un gran sentido del humor. Desde pequeña es alegre y risueña, “chirigotera” dice ella. ¿Pueden estar relacionadas la salud y la longevidad con experimentar frecuentemente emociones positivas? Parece ser así. Ed Diener revisó 160 investigaciones que probaban que las personas felices tienden a vivir más. Un estudio del Journal of Happiness Studies estimó entre 7,5 y 10 años el tiempo de vida extra que podemos conseguir teniendo un carácter positivo y optimista.


Hay estudios que muestran la relación entre el uso de palabras emocionales positivas en autobiografías y un aumento de la longevidad. David Snowdon y otros autores analizaron los relatos de monjas de clausura que, al ingresar en el convento, escribieron sobre sus vidas y lo que esperaban del futuro. Las que contaban estados emocionales positivos como alegría o felicidad, gozaban de mejor salud y vivían, de media, diez años más que aquellas que no expresaron emociones. El 90% de las más alegres en su juventud vivían a los 85 años, por tan solo un 34% del grupo menos alegre.

En estudio de 2012, Pressman y Cohen analizaron las expresiones emocionales de las autobiografías de 88 psicólogos famosos. Los que emplearon más palabras emocionales positivas que implicaban excitación (animado, vigorosa, activa, atento, buen humor) tuvieron vidas más largas. Los términos negativos (enojado, asustado, somnoliento) o los positivos sin activación (pacífico, calma) no se asociaron con la longevidad.

La relación entre felicidad y edad parece tener forma de “U”. Somos más felices hasta los veinte años y cuando envejecemos, teniendo un menor bienestar entre los cuarenta y cincuenta años. Como en la película Exótico Hotel Marigold, la buena noticia es que "al final, todo acaba bien". Al igual que mi madre, las personas más felices son extremadamente sociables. Pasándolo bien a menudo, consiguen tener una larga vida y que se les haga mucho más entretenida.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Los mejores momentos



Si hiciera un ranking de las mejores experiencias de mi vida, sin duda, los primeros puestos serían para los nacimientos de mis hijas. Aquellas noches fueron muy emocionantes. Sentí mucha felicidad y admiración. Recién nacidas ya eran seres humanos plenos, aunque diminutos. Me asombró su perfección. Enseguida brotaron el afecto, el cariño y la ternura. También experimenté agradecimiento porque su llegada al mundo comenzara bien. Percibí una sensación de calor y apertura en el pecho.

Según Abraham Maslow, las “experiencias cumbre son los mejores momentos del ser humano, los momentos más felices de la vida”. Estas sensaciones no duran mucho tiempo, pero experimentarlas puede tener consecuencias permanentes. Chad Burton y Laura King comprobaron que escribir quince minutos diarios sobre estas experiencias, durante tres días, es eficaz para disfrutar de mejor salud física y mental.

En un curso de psicología positiva me pidieron que escribiese detalladamente el mejor momento de mi vida, reviviendo los sentimientos, las sensaciones, los pensamientos y las emociones que estaban presentes entonces. Luego, nos invitaron a compartir la experiencia con el compañero. No me extrañó ver el brillo de sus ojos mientras me hablaba del nacimiento de su hijo. Pregunté a la compañera del otro lado si había elegido la experiencia de ser madre como su mejor momento y me dijo que sí. Tres de tres. ¿Casualidad o causalidad? Tal vez, sentir ese torrente de emociones positivas nos ayuda a crear un vínculo afectivo con nuestros hijos, tan necesario como el alimento para su crecimiento.


Quizás, lo que sentí en mis mejores momentos fue elevación, una novedosa emoción positiva que se percibe mediante un fuerte sentimiento de afecto en el pecho, al presenciar actos que muestran lo mejor del ser humano. Experimentar elevación nos inspira para ser mejores, hace que queramos estar, cooperar y ayudar a otras personas. 

¿Cuál fue tu momento cumbre? ¿Cuándo te sentiste intensamente vivo? ¿Cuándo descubriste lo que verdaderamente eres? Lo esencial, parafraseando a Saint Exupery, sólo podrás verlo bien con el corazón.