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viernes, 10 de julio de 2015

Dueños del destino

Hace un año mi amiga se quedó sin trabajo. La alcaldesa despidió por decreto a cuatro trabajadores fijos que querían crear un sindicato. Sentí como propia la tensión por aquella injusticia. Muchas cosas pasaron desde entonces. Todas las semanas hubo manifestaciones. En cada acto público en la ciudad había camisetas negras que exhortaban: ¡Readmisión ya! El sindicato finalmente se constituyó y ganó las elecciones sindicales en el ayuntamiento. Las sentencias fueron confirmando que los despidos eran improcedentes. Reconozco que, cada vez que recibía una buena noticia a través del blog que crearon para informar de las reivindicaciones, sentía oleadas de optimismo y deseé con todas mis fuerzas que pudieran recuperar su empleo.

Por fin, hubo elecciones municipales y se produjo un cambio de gobierno. Una de las primeras medidas de la nueva corporación fue readmitir a los cuatro despedidos. El nuevo alcalde y los concejales les recibieron en la puerta del consistorio el día de su regreso. Al entrar, el hall estaba atestado de trabajadores municipales que, ataviados de negro, formaron un pasillo para darles la bienvenida. Al fondo, once sindicalistas se despojaron de sus camisetas negras y las tiraron al centro del vestíbulo. Ya no eran necesarias. En su lugar aparecieron camisetas blancas, con una letra cada una, que componían la palabra READMITIDOS. Misión cumplida. Entonces todos los trabajadores lanzaron sus camisetas negras formando una montonera que sepultó la vergüenza por unos despidos que nunca debieron suceder. Imagino que en su lugar emergió un sentimiento de orgullo colectivo por alcanzar un logro tan difícil para los tiempos que corren. Como decían los mosqueteros: “Uno para todos y todos para uno”. Con la lucha de todos consiguieron hacer justicia.

Por la noche habíamos quedado a cenar y pregunté a mi amiga por cómo se había sentido. Se emocionó al agradecer a sus compañeros el apoyo que les prestaron. Percibió mucha alegría y solidaridad. Como en el poema “Invictus” quizá pudieron sentirse “dueños de su destino y capitanes de su alma”.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Dejar huella



Los organizadores de los Juegos Olímpicos se preocupan cada vez más por el legado, por lo que permanezca en la ciudad donde se celebran, una vez acabada la ceremonia de clausura.

Imagina que sacas tu mano de un cubo con agua. Al rato, las ondas desaparecerán y parecerá como si tu mano no hubiese estado allí nunca. Igualmente, después de pasar por el mundo, puedes dejarlo igual o mejorarlo.

El poema “Invictus” de William Ernst Henley dio esperanza a Nelson Mandela, durante los largos años que permaneció en prisión, para perseverar en su tarea de abolir la segregación racial en Sudáfrica. El poema termina así: “Soy el dueño de mi destino: Soy el capitán de mi alma”. 

¿Sabes cuál es tu destino? ¿Sabes para qué estás aquí? ¿Qué es lo más importante en tu vida? ¿Qué puedes hacer para legar algo que merezca la pena? ¿Qué sueños harás realidad?

Mihaly Csikszentmihalyi concluyó que hay tres condiciones necesarias para dejar una impronta en el mundo: poseer una imagen clara de lo que quieres conseguir y por qué, iniciar acciones y perseverar hasta lograr el objetivo, y ser fiel a las propias creencias y valores mientras persigues los objetivos. Se trata de vivir según tus cualidades y principios personales.

Un valor vital es lo que es más valioso para ti. Las personas nos comportamos de acuerdo a nuestros valores y éstos nos llevan a actuar. ¿Cómo puedes actuar a diario según tus valores? Puedes categorizar tus aspiraciones en diferentes ámbitos como las relaciones personales, familia, pareja, trabajo, aprendizaje, salud, espiritualidad, crecimiento personal u otras áreas importantes. Para cada valor puedes marcarte metas o proyectos para concretar lo que deseas alcanzar. 

Haber encontrado un sentido y propósito para mi vida, me permite emprender proyectos que me aportan bienestar, implicándome en algo más grande que yo mismo. Una persona que aprecio mucho me comentó que, cuando pasea temprano a su perro, suele repetirse como un mantra: “Hoy también dejaré huella”. Con coraje, optimismo y esperanza.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Un tiempo para la esperanza

He decidido desayunar sin noticias. Me levanto temprano para meditar media hora y comenzar bien la jornada. He notado que el estado positivo que provoca en mí la meditación, se arruina con un cuarto de hora de telediario. He leído recientemente que, desde el inicio de la crisis, han aumentado los enfermos mentales ¡un cincuenta por ciento!

El miedo es útil para sobrevivir y la tristeza para reponerse de las pérdidas. Pero preocuparse a menudo por el futuro alimenta la ansiedad, al igual que la tristeza instalada permanentemente puede acabar en depresión. Sentir, día tras día, estas emociones difíciles puede crear un sesgo pesimista en nuestra manera de ver el mundo y limitar la variedad de respuestas ante las diferentes situaciones que tenemos que afrontar. Experimentar frecuentemente emociones positivas, en cambio, nos permite ver nuevas opciones y ampliar nuestra capacidad para actuar.

¿Cómo podemos contrarrestar los pensamientos negativos?: Pensando de manera más optimista. Hace poco viajé a Roma con mi madre de 87 años. Tenía cierta preocupación por que se resistieran sus rodillas por las caminatas por la ciudad. Cuando venían esos pensamientos a mi mente, deseaba que pudiera caminar sin problemas ni dolores. Esto disminuía mi preocupación. Al final, sucedió que andar mucho alivió el dolor de su artrosis, hasta que desapareció.

En general, los optimistas tienen más éxito que los pesimistas. Los optimistas aumentan su confianza al darse cuenta de las cosas que les salen bien. Así, es posible que vayan mejorando también sus habilidades.

Un buen enfoque, para aumentar los pensamientos positivos, es imaginar algo que te dé miedo de diferentes maneras: el escenario más desfavorable (me va a salir fatal el examen), el escenario ideal, incluso algo disparatado (sacaré matrícula de honor y expondrán mi ejercicio en la vitrina de trofeos del instituto) y una visión equilibrada, como escenario más probable (me prepararé bien, estudiaré mucho y haré un buen examen).

Aunque no podamos cambiar la situación, tenemos la libertad de cambiar nuestra actitud.

lunes, 30 de junio de 2014

Oh happy day

Siempre he pensado que la música es una puerta abierta a las emociones. Recientemente me confirmó esta hipótesis Teresa Orozco, que presentó un estudio de la Universidad Complutense, afirmando que el 64 % de las experiencias musicales provocan alguna emoción. Con la música emotiva se libera dopamina, que está relacionada con la sensación de placer. También la música puede ayudarnos a sentirnos mejor. Tarareando o cantando una canción podemos desvincularnos del estrés generado por los pequeños contratiempos cotidianos.

El pasado domingo presencié un concierto de góspel que fue un torbellino emocional para mí. Lo dirigió Josu Elberdin y era la guinda de un taller de canto organizado por la CoralPolifónica de Getafe. Cien personas, que apenas se conocían el día anterior, crearon colectivamente una experiencia irrepetible y llena de momentos mágicos. Sus caras reflejaban que, seguramente, sintieron muchas emociones positivas compartiendo la vivencia de cantar en armonía con cientos de gargantas. Contagiaron esa emoción al público, que terminó ovacionándoles, puestos en pie, pidiendo otra canción para que el concierto no acabase.

Dijo el director, que había pedido al coro vestir de negro, porque “los colores los llevaban por dentro”. Hay personas que pueden percibir a la vez varios tipos de sensaciones diferentes, probablemente al activarse de forma cruzada las zonas del cerebro que procesan la información sensorial. Por ejemplo, pueden oír los colores o ver los sonidos, sintiéndolos realmente. Si algún sinestésico hubiera presenciado el concierto, desde luego que habría visto muchísimos colores.

La trascendencia es una de las seis virtudes humanas consideradas universales. Incluye las fortalezas emocionales que van más allá de uno mismo, conectándonos con algo más elevado y permanente. En el concierto disfruté de la belleza y excelencia, del sentido del humor y el entusiasmo, sentí gratitud y esperanza al contemplar algo hermoso, construido colectivamente por muchos seres humanos. Quizá las mismas emociones que albergaban los esclavos afroamericanos en Virginia hace dos siglos. Gracias Josu, tienes la mejor de las profesiones: hacer felices a los demás.

martes, 8 de enero de 2013

¿Conoces tus fortalezas?

¿Sabes  en qué eres realmente bueno? Tal vez destacas por tu sentido del humor, por tu pasión por aprender, por tu liderazgo o valentía. Quizás eres vital, prudente o muy generoso.

Para Martin Seligman “la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de la persona en el trabajo, el amor, el ocio y la educación de los hijos”. Seligman y Chris Peterson clasificaron veinticuatro fortalezas psicológicas universales y crearon el cuestionario VIA de valores en acción, que sirve para conocer las principales fortalezas personales. Este test puede hacerse gratuitamente en www.authentichappiness.org

Cuando conozcas tus mejores fortalezas, puedes idear formas para emplearlas más a menudo o embarcarte en proyectos personales que te permitan utilizarlas. Dedica un momento a la semana para ejercitar una o más fortalezas personales de forma nueva. Por ejemplo, si aprecias mucho la belleza puedes salir de excursión a la naturaleza o visitar un museo. Si lo tuyo es la creatividad, escribe una historia o experimenta con la pintura. Lo importante es crear una nueva manera de utilizar esa fortaleza en el trabajo, en casa o en el tiempo libre.
Cuando practiques tus fortalezas habitualmente quizás te sientas con más energía, alegría y entusiasmo, al tratarse de algo auténticamente tuyo. Después escribe sobre la experiencia: ¿Cómo te sentiste?¿Fue estimulante la actividad?¿Te resultó fácil?¿Pasó el tiempo rápido?

Se ha demostrado que poniendo en práctica las fortalezas personales aumenta la felicidad. Las fortalezas que están más asociadas a altos niveles de felicidad son: esperanza y optimismo, entusiasmo y energía, capacidad de amar y ser amado, gratitud y curiosidad.

Aldous Huxley afirmaba que “existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo”. Para Marianne Williamson “nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados... es que somos poderosos sin límite”. Como el comienzo del año es propicio para hacer nuevos propósitos, quizás quieras empezar a entrenar tus propias fortalezas. Como decía Píndaro: “Sé tú mismo, atrévete”.